Pistas de aterrizaje

Por mucho que las derechas se enfurezcan, los indultos concedidos por el gobierno de Pedro Sánchez a los dirigentes independentistas no tienen marcha atrás. Gozan del beneplácito de la UE y de las principales cancillerías europeas, interesadas en que se reconduzca una grave crisis política en el sur del continente, así como de la propia ONU. Se abre, pues, un tiempo en que pueden primar el diálogo y el retorno de la política. A poco que se hagan las cosas bien, no sólo las entidades representativas de la sociedad – sindicatos, patronal… – e instituciones como la Iglesia, sino el grueso de la opinión pública española, aún reticente ante la medida de gracia, irá decantándose hacia un escenario de negociación. Es muy posible que a cierto plazo, como señala Enric Juliana, el “problema catalán” pese mucho menos en las preocupaciones de la ciudadanía y en sus futuras opciones de voto que la reforma de las pensiones, el recibo de la luz o la operatividad del Ingreso Mínimo Vital. A poco que se hagan las cosas bien…

Ahí está el quid de la cuestión. Si no se aprovechara la oportunidad, no sólo perduraría el empantanamiento de la sociedad catalana, sino que podría entrelazarse con esas problemáticas sociales, envenenándolas. Hay muchos francotiradores, desde la derecha española hasta el nacionalismo catalán más exacerbado, deseosos de que todo se vaya al traste. Tampoco faltan las voces expertas que recuerdan a unos y otros las pautas que deben regir un proceso de negociación como el que debería inaugurar en septiembre la mesa de diálogo entre en el gobierno de España y la Generalitat: empatía, reconocimiento del otro, flexibilidad, paciencia e imaginación para ir avanzando en acuerdos parciales, rechazo a los maximalismos… Y, por supuesto, desechar la tentación de llegar a un resultado de suma cero, con vencedores y vencidos. El decálogo del buen negociador está a disposición de ambas partes. Que sepan leerlo depende, sin embargo, de determinados movimientos políticos.

No debe extrañar que, antes de sentarse a hablar, cada campo exhiba su “programa máximo”Pere Aragonés proclama que va a negociar la amnistía y un referéndum de autodeterminación. Y Sánchez replica que eso es inadmisible. No debería serlo que se plantee formalmente en la mesa. Pero, desde luego, si la negociación pretendiese abordar de entrada un debate insoluble, estaría condenada al fracaso. Hay que comprender la necesidad de ERC de autoafirmarse como portavoz legítimo de esa amplia franja de la sociedad catalana a quien juró que la independencia estaba al alcance de la mano. No es fácil bajar de esa nube con el pasaje resignado a tomar tierra. Hay que comprenderlo y facilitar una pista de aterrizaje. Pero tampoco convendría pecar de ingenuidad. Es imperativo balizar convenientemente esa pista.

Hace unos días, Antoni Puigverd alertaba acerca de la tendencia de Aragonés a recaer en el engaño: el Consejo de Europa, crítico con el enjuiciamiento por sedición de los responsables del 1-O, nunca ha considerado ese referéndum legal, ni homologable. Y, por supuesto, no pone en duda que España sea una democracia – con todo lo que ello implica por cuanto se refiere a promover la secesión de una parte de su territorio. Hay que andarse, pues, con cuidado. Desde Waterloo y desde la CUP se ejercerá presión sobre el Govern para que lleve las máximas exigencias a la mesa de diálogo. Las bravuconadas de hoy pueden ser argüidas mañana como compromisos de exigible cumplimiento por parte de Puigdemont.

Pero, por parte de la izquierda, sería ocioso especular acerca de la firmeza o la lealtad que puede mostrar ERC, un partido de clases medias, congénitamente voluble. En realidad, su comportamiento dependerá muy mucho de la claridad de las izquierdas, de su determinación y de su unidad. Y ahí es donde podemos tener problemas. A través de su portavoz, Marta Vilalta, ERC ha rechazado con cajas destempladas la idea de constituir una mesa de diálogo en Catalunya. (Diciendo que para eso está el Parlament… como si a la mesa entre gobiernos no se pudiese objetar que ya tenemos las Cortes. Las mesas no pueden sustituir a las instituciones. Llegado el momento, éstas deberán formalizar en leyes y disposiciones los acuerdos cocinados a fuego lento en los espacios de encuentro concebidos a ese efecto). El desaire de ERC se dirige ante todo al PSC, que lleva meses insistiendo en la necesidad de un reencuentro de la sociedad catalana consigo misma. La intención por parte del independentismo es clara: hay un conflicto entre España y Catalunya, el independentismo representa enteramente a la segunda… y en su seno no ha habido desgarro alguno. Pero no da la impresión de que los comunes quieran acompañar a los socialistas en su demanda. Y eso no contribuye precisamente a señalizar la pista de aterrizaje, ni apremia al Govern a iniciar el descenso.

Es más: diríase que Unidas Podemos quiere hacer de avión nodriza y ayudar al independentismo a repostar en el aire. Pablo Echenique decía esta semana que habría que desempolvar el “derecho a decidir”Jessica Albiach, por su parte, avanzaba la propuesta de un referéndum con tres casillas. (Si un referéndum binario no podría sino constatar la división de la sociedad y hacerla crónica, esa modalidad difícilmente llevaría a otra cosa que a una división del campo opuesto a la independencia… sin que los vencedores tuvieran necesidad de representar siquiera una estrecha mayoría social. Y, lógicamente, sin obtener la anuencia del resto de la ciudadanía para implementar su proyecto). No. Lo más razonable es trabajar en la perspectiva de un pacto de convivencia que pueda ser debidamente refrendado en las urnas. La ambición de ese acuerdo no puede fijarse de antemano. Pero sí sabemos que hay materia prima para impulsarlo… si existiese voluntad política para ello. Desde la mejora del autogobierno hasta el reconocimiento operativo de la singularidad nacional, pasando por la implicación en la gobernanza de España y la presencia en Europa, no son mimbres lo que falta. El desafío consiste en trenzar esos mimbres de modo federal. Es decir, haciendo del tratamiento del “problema catalán” el primer jalón de una reforma de España – que necesitará en su día el concurso de una derecha constitucional.

Ahora, lo importante es que las izquierdas concierten sus esfuerzos para acotar los posibles desvaríos del independentismo y encarrilen la negociación. ERC ha empezado ya a jugar con la idea de que a lo mejor no se pone a tiro para aprobar los PGE. La música es conocida. Por eso, más que nunca será decisivo el acierto del gobierno en sus políticas sociales. La gente trabajadora debe percibir la mejora sustancial de sus condiciones de vida tras año y medio de pandemia. El gobierno debe dar tranquilidad y esperanza a una población estresada. Ese sería el mejor “blindaje” para la negociación sobre una crisis territorial que urge acotar en términos políticos. La búsqueda artificiosa de perfiles diferenciados en las filas de la izquierda social – y las ansias de algunos por gobernar con ERC – sólo pueden hacer más incierto el aterrizaje.

Lluís Rabell

3/07/2021 

https://cronicaglobal.elespanol.com/pensamiento/pistas-aterrizaje_503499_102.html

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