El día que dijimos “no”

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           Hace un año, el 27-O, el Parlament de Catalunya llevó a cabo una Declaración Unilateral de Independencia. O no. La narrativa del “procés” tiene estas cosas. Nada es lo que parece ser. Cualquier gesto está envuelto de un halo de ambigüedad; todo acontecimiento puede ser revisitado y reinterpretado según las necesidades de cada momento. De hecho, el Pleno de aquel día no proclamó ninguna República. De ésta sólo se hablaba, en términos ampulosos, en la exposición de motivos; es decir, en la parte puramente declarativa del texto que se sometía al pleno. Su parte resolutiva se limitaba a instar al Govern a desplegar la Ley de Transitoriedad Jurídica, adoptada en la tensa sesión del 7 de septiembre… y prontamente suspendida por el Tribunal Constitucional.

El 27-O asistimos, pues, a una teatralización… que había de tener, no obstante, gravísimas consecuencias. La mayoría independentista no tuvo arrestos para decir la verdad a la opinión pública, para explicar que no había nada preparado, que “habían ido de farol” y que aquello era poco más que “un brindis al sol” – según las frívolas palabras de la ex-consellera de educación, Carla Ponsatí. A primera hora, en la Mesa, presionada para llevar al pleno una resolución que – nadie lo dudaba ya – comportaría la intervención inmediata de la autonomía y que podía acarrear también responsabilidades penales, se dejó constancia del carácter simbólico, carente de efectos jurídicos, de cuanto que se iba a someter a la cámara. Allí, en cambio, ante las televisiones, se enfatizó el “desafío”, dando solemne lectura a las consideraciones preliminares… que no se iban a votar. Y, para añadir, un toque de efectismo, se pidió que el voto fuese depositado en secreto en la urna dispuesta para ello. (Prevención estrictamente melodramática: ningún diputado ha sido nunca inquietado por emitir un voto u otro. En cambio, podían incurrir en desobediencia los miembros de la Mesa, órgano de gobierno del parlamento, si desatendían los requerimientos explícitos del Tribunal Constitucional).

El grupo parlamentario de CSQP no sólo votó contra aquella ambivalente DUI, sino que exhibió sus papeletas en señal de protesta contra una puesta en escena irresponsable: desde la mayoría de JxSí y la CUP, se engañaba a propios y extraños… mientras se abocaban las instituciones catalanas a un choque, condenado de antemano al fracaso, con el Estado. Los acontecimientos siguientes son de sobras conocidos y aún seguimos enfangados en sus consecuencias. 2019 será, sin duda, “el año del juicio a los dirigentes independentistas”, un acontecimiento que marcará el futuro de Catalunya y de España. No habrá un retorno a la normalidad política mientras esos líderes, objeto de acusaciones insostenibles de rebelión y víctimas de una abusiva prisión preventiva, permanezcan en la cárcel. Pero el balance de aquel 27-O sigue aún por hacer, pendiente de la inacabable lucha por la hegemonía en el seno del independentismo.

No está de más recordar la intervención que nuestro grupo parlamentario hizo la tarde anterior, en el que sería el último debate de la legislatura. Hacía pocas horas que el tintineo de 155 monedas de plata había llevado al President Puigdemont a desdecirse de su decisión de convocar elecciones…

 

“President… Hoy recae sobre usted una enorme responsabilidad. Hemos hablado muchas veces de la génesis de esta crisis y de las culpas que incumben a la derecha española, concretamente al gobierno del señor Rajoy, que ha hecho oídos sordos a las demandas de la sociedad catalana. En estos momentos, todavía dispone usted de algunos resortes para tratar evitar una colisión institucional de consecuencias nefastas para todos. (…) Hay que establecer una tregua, parar máquinas, dar una oportunidad al diálogo. A pesar de las dificultades y agravios acumulados. Convocar de inmediato elecciones autonómicas anticipadas, suspender sin la menor ambigüedad cualquier declaración de independencia… Usted sabe mejor que nadie qué movimientos debe hacer para desactivar la amenaza del 155. ¡Hágalos, Presidente! Es su obligación política y moral.”

           “Si acomete los movimientos necesarios para preservar el autogobierno, nos tendrá a su lado. Y, sin pretender hablar en nombre de otros, me atrevo a decir que, en la búsqueda sincera y valiente de diálogo, concitaría usted el apoyo de todas las fuerzas progresistas de esta cámara y del país entero. Pero no reunirá esa mayoría – al contrario: la dinamitará – si avanza por el camino de una declaración de independencia. No tienen ustedes legitimidad, mayoría, ni reconocimientos para dar tal paso. El 1-O fue convocado tras violentar el Estatut de Catalunya y la democracia de esta cámara. A pesar de la amplitud de la movilización ciudadana y de la actitud cívica ante la violencia policial, no se desprende de aquella jornada mandato democrático alguno. Pretenderlo supondría ahondar una peligrosa fisura, de rasgos cada vez más marcados por las identidades, que ha ido perfilándose en el seno de la sociedad catalana.”

           “Catalunya no necesita más mártires. Ya tenemos a dos personas injustamente encarceladas (Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, en aquellos momentos). ¡Y lo que nos va a costar sacarles de ahí! President, está usted ante la decisión más transcendente de su mandato. Tenga la valentía de no escuchar a los aprendices de brujo que le empujan hacia el precipicio. Esos sectores, manifiestamente, pesan mucho en su gobierno y en la mayoría parlamentaria que lo sostiene. Pero no son Catalunya. Sólo representan el sentimiento de una parte. Y usted es el presidente de toda Catalunya, de independentistas y no independentistas; de quienes fueron a votar el 1-O… y de quienes, una semana después se manifestaron, masivamente también, contra la independencia. No empuje a unos y otros a un conflicto civil.”

           “President… un federalista convencido, un militante de izquierdas, apela al corazón y la conciencia de un independentista como usted. El autogobierno, conquista democrática de nuestro pueblo, está en peligro. Quien no sepa defender los derechos adquiridos, jamás podrá alcanzar metas más ambiciosas. Ha terminado un ciclo. El camino de la unilateralidad se ha revelado intransitable. Hoy, una huida hacia adelante como la que representaría una DUI supondría el peor servicio a Catalunya y, en primer lugar, a sus clases populares… La política de “cuanto peor, mejor” sólo representa la radicalidad impotente de la pequeña burguesía; la ilusión según la cual, cuanto más enconado sea el enfrentamiento, mayor número de gente se movilizará  y más simpatías atraerá la causa.”

           “Conviene sopesar lo que hay en juego para entender la magnitud de este error. No estamos – tan solo – ante el conflicto entre dos gobiernos, sino que nos hallamos inmersos en la mayor crisis de Estado que ha conocido España desde la transición. (…) Las políticas de austeridad han quebrado consensos sociales. La sentencia del TC sobre el Estatut abrió una grieta en el pacto constitucional. En medio del conflicto, hemos visto a la Corona abandonar su papel de árbitro institucional y adoptar una actitud beligerante… El futuro está en disputa. El destino de España se dirimirá en los próximos años. O bien hacia una nueva etapa democrática, progresista, capaz de acoger y articular la diversidad nacional de los pueblos ibéricos… o bien una hacia una involución centralista y autoritaria. La suerte de Catalunya como nación es inseparable del desenlace de esa crisis, de clarísima proyección europea.”

           “Europa quedó chocada por las imágenes del 1-O. Pero no reconocerá ninguna declaración unilateral. Un referente de la opinión pública europea como “Le Monde” fustigaba esta misma semana, tildándola de demagógica, la pretensión de equiparar la España de nuestros días con la dictadura franquista. (…) La DUI no puede ser la respuesta a la amenaza del 155. Lo es, por el contrario, la búsqueda de unidad, cohesión social y escenarios de diálogo.”

Pero era demasiado tarde. Al día siguiente, cientos de alcaldes enfervorecidos, venidos de comarcas y viva imagen de las ilusiones generadas por el “procés” en buena parte de la sociedad catalana, abarrotarían el Parlament, exigiendo que no se diera “ni un paso atrás”. Y aquí estamos. Ojalá la voz de la razón, desdeñada aquel 27-O, acabe siendo semilla de futuro.

Lluís Rabell

           23/10/2018

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