El retorno de las suffragettes


“Hace 100 años intentaron acallar las voces de las sufragistas que reclamaban el derecho de voto para las mujeres. No consiguieron doblegarlas y ese derecho se conquistó. Hoy también pretenden silenciarnos cuando reivindicamos la igualdad. Y les derrotaremos una vez más”. Así concluía la antropóloga y veterana activista Silvia Carrasco su discurso esta mañana, en la Plaza de Sant Jaume de Barcelona, ante una nutrida concentración en protesta contra las “leyes trans” y a favor de la agenda feminista. Un acto que se inscribía en el marco de la convocatoria promovida por unas setenta asociaciones de toda España. Madrid, Málaga, Valencia, Murcia, Compostela… han sido escenario de manifestaciones similares, denunciando la intención del gobierno de Pedro Sánchez de dar luz verde a un proyecto de ley que reconoce – sin tener siquiera el coraje de designarla por su nombre – “la autodeterminación de sexo”. La iniciativa ha sido muy valiente. Se enfrentaba a una poderosa presión mediática… y a una campaña de amenazas e intimidaciones no menos intensa. Ha sido necesaria la presencia de un importante dispositivo de los Mossos d’Esquadra para evitar que una airada manifestación transgenerista reventase la protesta. Esa agresividad no es nueva. Y es que, lejos de un cisma entre feministas, cuando se rompe el cascarón queer, lo que tenemos son hombres y grupos lumpenizados atacando a mujeres. Lo grave es que eso empieza a normalizarse por parte de dirigentes que deberían mostrar mayor responsabilidad. Hoy mismo, una reconocida escritora y diputada socialista, Gemma Lienas, era linchada en las redes sociales por dar a entender que los derechos de gays, lesbianas y transexuales no avanzarán, sino todo lo contrario, con leyes que socavan las conquistas de las mujeres. Hablando en nombre de esos colectivos – que siempre contaron con el apoyo de feministas como ella -, hay quien se permite vejarla con una visceralidad propia del machismo más casposo. Algo huele a podrido en el Reino de Dinamarca.

Y algo anda muy mal en la izquierda, que parece completamente desnortada. Esta mañana, un puñado de militantes de distintas organizaciones nos hemos sumado, consternados por la actitud de sus direcciones, a la iniciativa feminista. Bastaba con escuchar las consignas que se coreaban para saber dónde debieran estar – y, hoy por hoy, no están – unas izquierdas, socialdemócrata y transformadora, dignas de ese nombre: “Las leyes trans son misoginia”, “Gobierne quien gobierne, el feminismo no se vende”, “El género es opresión”, “La ley trans nos manda hacia atrás”, “No al borrado de las mujeres”, “Las lesbianas son mujeres y no tienen pene”, “Fuera machos de nuestros espacios”. “La infancia trans no existe, dejad que la infancia crezca libre”, “Las hormonas hacen daño a cuerpos que están sanos”, “El feminismo es abolicionista”, “Las mujeres no somos mercancías”, “Nuestras hijas no quieren ser putas”, “Putero al caldero. Escopeta al proxeneta”, “Ser mujer no es un sentimiento”, “No somos terf, somos feministas”, “Son los hombres los que nos asesinan”… Todo un programa. El corazón palpitante de la agenda feminista. Y nunca habrá sido más pertinente preguntar por la izquierda. Porque lo que plantean las leyes trans no son disposiciones destinadas a un determinado colectivo, sino todo un cambio de paradigma social con amplísimas repercusiones. Esta semana, sin ir más lejos, las actrices profesionales han podido darse cuenta de lo que quiere decir eso del “borrado” al ver cómo la organización del Festival de Cine de San Sebastián suprimía, por poco “inclusivos”, los galardones a las mejores interpretaciones masculina y femenina. Que yo sepa, ningún hombre ha protestado – algún afamado crítico incluso ha aplaudido con las orejas. Sólo las mujeres se han sentido perjudicadas, conscientes de que, en un mundo dominado por hombres, su visibilidad, trabajosamente lograda, se desvanecerá. 

Las derivadas de negar el sexo biológico, una realidad inmutable sobre la que se ha construido la opresión histórica de los varones sobre las mujeres, son muchas y a cuál más inquietante. En materia educativa, por ejemplo. Desafío a alguien que se diga de izquierdas, o siquiera progresista, a defender el protocolo establecido por la Generalitat para que los enseñantes detecten y acompañen el tránsito de niños y adolescentes supuestamente transIone Belarra, la flamante nueva secretaria de Podemos, dice que quienes se oponen a las leyes trans son los mismos que se opusieron en su día al derecho de las mujeres al aborto. La extrema derecha, vamos. Pero, en realidad, son los postulados transgeneristas los que constituyen un reflejo invertido del atávico pensamiento reaccionario. La extrema derecha nos dice que hay niños y niñas, y que a cada sexo corresponde un determinado comportamiento y apariencia, perfectamente pautados. El transgenerismo nos dice, por el contrario, que hay identidades de niños y niñas, previas a su nacimiento y definidas por esos mismos estereotipos, y que los cuerpos deben adaptarse a ellas en lo posible, porque resulta que a veces tales identidades aterrizan en cuerpos equivocados. Esos son los preceptos, oscurantistas y dañinos, que deberían impartirse en las escuelas. Podría incluso ocurrir que Vox recogiese un día la inquietud de muchas familias acerca del futuro que tales protocolos deparan a sus hijos – en cuyo caso no sería, desde luego, en favor de la coeducación.

La nueva dirección de Podemos está llena de mujeres. Si, además, fuesen partidarias de esa agenda feminista, la izquierda en su conjunto conocería un avance histórico. No es el caso, y eso denota una crisis estratégica muy profunda. Décadas de neoliberalismo han permeado su influencia cultural, tanto en las filas de la izquierda alternativa como en la socialdemocracia. Su crítica relación actual con el feminismo histórico, materialista y de vocación universal, constituye la prueba fehaciente de ello. Ni la prostitución como intolerable privilegio masculino, ni la pornografía como escuela de violencia contra las mujeres, ni los vientres de alquiler o el comercio de óvulos que mercantilizan sus cuerpos, realidades que reproducen el dominio de los hombres y alientan su violencia multiforme nada de eso forma parte de las prioridades del Ministerio de Igualdad. No es que la agenda queer ocupe, por un efecto de moda, el lugar de esas preocupaciones, sino que los postulados de esa agenda confortan las instituciones patriarcales. El camino hacia el socialismo no puede estar sembrado de burdeles, menores maltratados, ni tipos masturbándose compulsivamente viendo como torturan a mujeres. El feminismo es el movimiento histórico de las mujeres contra el yugo patriarcal. Esa es su aportación determinante al progreso de la civilización humana. Si no es capaz de abrazar de modo consecuente sus postulados, la izquierda está perdida. 

Es posible que, en el gobierno de coalición, se haya impuesto una suerte de realpolitik. “Tengamos la fiesta en paz”, parece haber dicho el PSOE. “Démosle su chuche a Podemos, que está emperrado con las leyes trans. De todos modos, en casa también tenemos lo nuestro con eso. Un buen puñado de feministas se va a subir por las paredes, cierto. Pero este debate resulta, hoy por hoy, incomprensible para la mayoría de la sociedad. Si hubiera elecciones mañana, el impacto sería muy limitado”. El cálculo puede ser cierto… a corto plazo. Pero el pragmatismo es primo hermano del oportunismo. Y el oportunismo es una vieja enfermedad, bien conocida del movimiento obrero, que consiste en sacrificar los principios del combate emancipador en el altar de unos supuestos beneficios inmediatos. La aprobación del anteproyecto por parte del Consejo de Ministros es paz para hoy en la coalición… y guerra para mañana en sus partidos. Las leyes trans son un torpedo dirigido a la línea de flotación del feminismo, forman parte de una ofensiva para detener unos progresos de las mujeres que inquietan a muchos y a poderosos varones. “Cada cambio de época exige una redefinición del lugar de la mujer en la sociedad”, nos enseña Amelia Valcárcel. La era del tecnocapitalismo dibuja la amenaza de nuevas servidumbres para las mujeres. En eso estamos a escala global. La onda expansiva de las leyes trans alcanzará todos los estamentos de la sociedad: familias, enseñantes, profesionales de la salud, instituciones… La izquierda se ha metido en un jardín. Hoy la interpelan, indignadas, las mujeres más conscientes. Cuanto más tarde en reaccionar, más doloroso será reconducir la situación. El futuro vuelve a estar en juego… y las sufragistas salen de nuevo a la calle.

Lluís Rabell

26/06/2021

4 Comments

  1. Gracias. Esto tendría que salir en todos los periódicos con carácter de urgente. Cada día mientras dure esta locura. Saludos Neus

    El sáb, 26 jun 2021 a las 19:39, Lluís Rabell () escribió:

    > lluisrabell posted: ” “Hace 100 años intentaron acallar las voces de las > sufragistas que reclamaban el derecho de voto para las mujeres. No > consiguieron doblegarlas y ese derecho se conquistó. Hoy también pretenden > silenciarnos cuando reivindicamos la igualdad. Y les derr” >

    M'agrada

  2. Como siempre un análisis lúcido de la situación
    Algún día habrá que analizar el papel de los medios de información en esta contienda.
    Gracias

    M'agrada

  3. Muy bien Lluís.A ver si te leen más hombres y mujeres y se les abren los ojos a la realidad y a los peligros que está ley Trans conlleva para las mujeres, con su confusión entre sexo y género.

    M'agrada

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