Monsieur le Président…

 

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En tiempos de pandemia, el uso del lenguaje belicista se ha vuelto habitual en boca de muchos gobiernos. Si, en un primer momento, semejante recurso podía ser comprensible para alertar a la opinión pública, su abuso encierra algunos peligros que no sería prudente ignorar. Todavía en plena crisis, el escritor francés Olivier Le Cour Grandmaison, autor de destacados trabajos de investigación sobre el colonialismo, acaba de publicar un texto distópico, cargado de amarga ironía, sobre lo que podía ser el enfoque del día después de la epidemia por parte las élites dirigentes. Bajo la forma de una imaginaria alocución presidencial – perfectamente ajustada al tono grandilocuente y bonapartista que rezuman las instituciones de la Vª república -, Le Cour esboza las líneas maestras de lo que sería “una segunda guerra, económica y social”, una vez derrotado el virus. Recomendable lectura. El humor ayuda a sobrellevar el confinamiento. Pero, después de la sonrisa, aflorará sin duda la inquietud. Presentimos que este discurso está ya en la mente de los poderosos. Y no precisamente como una “boutade”.

 01/04/2020

(A continuación el texto original,  traducido del francés al castellano por Lluís RABELL)

“De la guerra sanitaria a la guerra económica y social”

La primera víctima de la guerra es siempre la verdad.

La segunda, son las conquistas sociales.

Y la tercera, las libertades y derechos democráticos. 

A la manera de cierto Presidente de la República.

“Francesas, franceses, queridos compatriotas. Desde el inicio de la crisis sanitaria, me he dirigido a vosotros en diversas ocasiones para evocar las dificultades que hemos atravesado, anunciando las medidas indispensables para yugular la epidemia y, finalmente, acabar con ella. Esas circunstancias excepcionales me han llevado a adoptar, con el gobierno, y de acuerdo con la Asamblea Nacional y el Senado, medidas igualmente excepcionales sin las cuales no hubiésemos podido ganar esta batalla decisiva contra el Covid-19. En primer lugar, quiero, en nombre de la nación, saludar a todas aquellas y aquellos que, médicos, enfermeros, personal hospitalario, han estado en primera línea de este combate con una entrega y un coraje ejemplares, en algunos casos arriesgando sus propias vidas. Merecen sin duda nuestro reconocimiento. Por eso, he decidido que se les rinda un homenaje nacional en una fecha que será concretada más adelante. Además, todos y todas recibirán, a título colectivo, la Legión de Honor.

Quiero dedicaros también un pensamiento a vosotros, francesas y franceses, que habéis perdido un familiar, alguien cercano, un amigo. Sé de vuestra infinita pena. Todos la compartimos. En estos momentos que sé tremendamente dolorosos, tened la certeza de que vuestro duelo es también el nuestro y que nunca olvidaremos a esos seres queridos desaparecidos. Finalmente, quiero saludar igualmente a aquellas y aquellos que, frente a todas las adversidades, han seguido trabajando sin dejarse desviar de sus tareas, indispensables para el país, por algunas reivindicaciones tan demagógicas como irresponsables. Gracias a ellos no ha habido penuria y los aprovisionamientos nunca se han interrumpido, a pesar de unas dificultades que han sabido superar una tenacidad y resiliencia admirables. Francesas, franceses, siguiendo las decisiones que tomé habéis aceptado numerosos sacrificios, respetando un confinamiento cada vez más estricto, trastocando vuestras costumbres, renunciando a muchas distracciones y placeres: reunirse en familia, entre amigos, cenar en el restaurante, ir al cine o al teatro, acudir a un concierto, hacer deporte o, simplemente, pasear. Unos en la ciudad. Otros, en el campo, absteniéndose de cazar o pescar, en el mar o en la montaña. Sé que las decisiones adoptadas han alterado vuestras vidas, pero eran indispensables para salvar al mayor número posible de nuestros mayores y de nuestros conciudadanos. Lo habéis entendido enseguida y lo habéis aceptado. Todas y todos vosotros habéis demostrado de modo admirable que somos un gran pueblo y que Francia es una nación sin parangón que, frente a la adversidad, sabe reencontrarse a sí misma para afrontarla desde la unidad, la solidaridad y la fraternidad.

Acabamos de ganar una batalla decisiva, pero aún no hemos ganado la guerra. La crisis sanitaria, es cierto, queda atrás. Pero ahora debemos librar otros combates y responder a otros desafíos. Éstos son económicos y sociales. Los que ayer enfrentamos eran inmensos, pero los que nos esperan no serán menores. Queridos compatriotas, os lo digo solemne y gravemente: seguimos estando en guerra. El enemigo ya no es invisible e insidioso, pero no por ello deja de estar presente, poderoso y amenazador. Este enemigo se llama recesión, regresión, quiebras en serie y posible aumento del desempleo. El adversario que acabamos de derrotar nos amenazaba a todos, el que se presenta ahora ante nosotros también. Quiero decir con esto que, como el anterior, este nuevo enemigo puede trastocar igualmente nuestras vidas, golpeándonos por todas partes, alcanzando a todos los estamentos sociales. Nuestras grandes, medianas y pequeñas empresas están amenazadas. Al igual que nuestros admirables artesanos que, en toda Francia, mantienen vivas antiguas tradiciones de excelencia. Y no me olvido de nuestros agricultores, nuestros pescadores, nuestros viticultores, nuestros artistas y nuestros libreros.

Ayer, francesas, franceses, queridos compatriotas, consentisteis numerosos sacrificios. Me dirijo a vosotros para pediros que asumáis otros más, pues esta situación económica y social también es excepcional. Nos recuerda aquella que nuestros mayores debieron afrontar al acabar la Segunda Guerra mundial. Ellos tuvieron que reconstruir todo un país. Nosotros debemos volver a levantar nuestra economía. Y, para lograrlo cuanto antes, debemos ser capaces de elevarnos a la altura de las múltiples y difíciles tareas que nos esperan. Cuando me dirigí a vosotros al comienzo de la epidemia, el pasado 16 de marzo, os dije que, tras las dificultades que debíamos atravesar, nada volvería a ser como antes. Ese día ha llegado ya y debemos extraer todas las consecuencias

Estamos en guerra. Nuestro código del trabajo, concebido en y para otra coyuntura, se revela totalmente inadaptado a la que debemos afrontar. Resulta demasiado farragoso y complicado. De ahí los lentos procedimientos que obstaculizan la recuperación que todos deseamos. Por eso pediré al gobierno que adopte una ley de urgencia económica que permita a todas y todos trabajar más allá de las 35 horas, que les permita hacerlo en domingo si es necesario y que extienda el trabajo de noche a los sectores económicos particularmente frágiles o que se hayan visto más afectados por el confinamiento a que se ha visto sometido nuestro país. Además, se establecerán nuevos modelos de contrato laboral, menos constrictivos y más flexibles, a fin de responder en mejores condiciones a los múltiples y variados desafíos a los que nuestras empresas y nuestros artesanos deberán enfrentarse en las próximas semanas y meses. Debemos trabajar más y por más tiempo. Por esa razón, la reforma de las pensiones, que había quedado en suspenso por las circunstancias que conocéis, será finalmente aprobada. Y es también mi deseo que sea convenientemente flexibilizada también para permitir a todas y todos aquellos que quieran seguir trabajando que lo hagan con toda libertad. Todas esas medidas devienen insoslayables, pues nos estamos jugando nuestro lugar en Europa y nuestro lugar en el mundo; se trata de vuestro futuro personal y profesional, y del futuro de vuestros hijos y vuestros nietos.

Sí, estamos en guerra. Y por ello, con objeto de favorecer cuanto sea posible el crecimiento indispensable para el progreso de nuestro país, para la reactivación de nuestra economía y la mejora de vuestras condiciones de vida, pediré igualmente al gobierno que bloquee los salarios por un período todavía indeterminado, que reduzca la duración de las vacaciones pagadas y permita a los empleadores fijarlas según su conveniencia, tras consultar con los asalariados. Evidentemente, esas disposiciones se aplicarán igualmente en el conjunto de la función pública a excepción de la función pública hospitalaria, donde se crearán nuevos puestos de trabajo y se proveerán nuevos recursos. Al mismo tiempo, proseguiremos la modernización de nuestros hospitales a fin de incrementar su competitividad y, por tanto, su eficacia al servicio de la mayoría. Queridos compatriotas, conozco vuestro aprecio por nuestro sistema sanitario, un sistema que suscita la admiración de muchos en el extranjero, y es para responder a vuestras expectativas por lo que os pido esos esfuerzos. Esfuerzos igualmente necesarios en la educación nacional y en la enseñanza superior, donde, hasta nueva orden, no se efectuará reclutamiento alguno. Esta situación no impedirá en absoluto que escuelas, colegios, institutos y universidades contraten, de modo temporal y con una duración limitada, el personal docente y administrativo que requiera el cumplimiento de los cometidos que tengan asignados. Aquí también, la modernización es imperativa, porque podemos y debemos hacer más y mejor. Los tiempos presentes, y numerosos padres, así lo están exigiendo ya. Y nadie entendería, en los graves momentos en que os hablo, que ninguno de esos funcionarios desertase de esta formidable batalla económica y social que debemos ganar cuanto antes.

Y, porque se trata de un terrible combate, debemos movilizar todas las energías, estimular todos los talentos, liberar todas las voluntades y ambiciones, brindando a cada cual la oportunidad de asociarse a ese esfuerzo. En primer lugar a vosotras y vosotros, francesas y franceses; pues, en tan excepcionales circunstancias, no sería aceptable que otros, recientemente llegados a nuestro país y sin intención de echar raíces en él, accediesen rápidamente a los empleos que podéis desempeñar. Por lo tanto, pediré al gobierno que prepare un proyecto de ley destinado, no tanto a cerrar completamente las puertas a la inmigración, algo que sería tan vano como inútil, sino a limitarla a lo estricto necesario, sobre la base de cuotas de admisión regularmente revisadas, como ya se hace en muchos Estados desarrollados y democráticos. Del mismo modo, debemos repatriar actividades necesarias a nuestra independencia sanitaria, industrial y económica, y reforzar así nuestra soberanía fabricando productos franceses con trabajadoras y trabajadores franceses. La unión nacional nos permitió ayer vencer a la epidemia. Mañana, nos permitirá recobrar una prosperidad de la que todas y todos vosotros seréis los afortunados beneficiarios.

Estamos en guerra, y esta nueva contienda sólo la ganaremos si somos capaces de deshacernos de toda una serie de costumbres, algunas ya obsoletas y, en cualquier caso, inadaptadas a las exigencias de a partir de ahora se imponen a todos nosotros. Digo bien: a todos. Por eso, un nuevo gobierno, más concentrado, será próximamente constituido: los miembros del ejecutivo, así como los emolumentos que perciben, se verán reducidos. A partir de este mismo instante, a fin de aportar mi contribución a este esfuerzo nacional sin precedentes, os anuncio que renuncio a mi remuneración hasta el final de este quinquenio. Pero habrá que ir más lejos, prosiguiendo la reforma de nuestras instituciones. Una reforma que pasa, entre otras cosas, por la reducción del número de diputados y senadores, de tal modo que unos y otros contribuyan plenamente a este ajuste indispensable, vital diría incluso, de nuestro gasto público. Como ya he tenido ocasión de explicar, en el curso de los últimos meses, el Estado ha gastado sin restricción para luchar contra la epidemia y brindar su apoyo a los sectores económicos particularmente afectados por la crisis sanitaria. Ese tiempo pasó. Todo el mundo entiende que no podemos persistir en esa senda de gasto, a no ser que queramos caer de nuevo en la ruinosa espiral del endeudamiento, cuyos efectos recaerían pesadamente sobre las futuras generaciones. Ni quiero, ni permitiré que eso ocurra, pues significaría traicionar las esperanzas de nuestra juventud, y yo sé que nadie en este país desea tal cosa.

Queridos compatriotas, lo he dicho y os lo repito, seguimos estando en guerra. Así pues, os pido que seáis responsables, que no cedáis a ninguna subasta partidista o sindical. Rechazad ese repliegue corporativista que tanto daño ha hecho a nuestro país, elevaos a la altura de las tareas exigidas por esta situación excepcional. No prestéis oído a quienes se complacen en a crítica, pero no tienen nada serio ni concreto que proponer. Evitemos esa demagogia y esas exaltaciones pueriles y mortíferas. Unidos, cada cual en su puesto, venceremos. ¡Viva la República! ¡Viva Francia!”

Olivier Le Cour Grandmaison

Français

Olivier Le Cour Grandmaison : « De la guerre sanitaire à la guerre économique et sociale »

La première victime de la guerre, c’est toujours la vérité

La deuxième victime de la guerre, ce sont les conquis sociaux

La troisième victime de la guerre,
ce sont les droits et libertés démocratiques

A la manière d’un certain président de la République.

« Françaises, Français, mes chers compatriotes. Depuis le déclenchement de la crise sanitaire, je me suis plusieurs fois adressé à vous pour évoquer les épreuves que nous avons traversées, pour annoncer les mesures indispensables afin de juguler l’épidémie d’abord et d’en venir à bout ensuite. Ces circonstances exceptionnelles m’ont conduit à prendre, avec le gouvernement, en accord avec l’Assemblée nationale et le Sénat, des mesures elles aussi exceptionnelles sans lesquelles nous n’aurions pu gagner cette bataille décisive contre le Covid-19. Tout d’abord, je veux, au nom de la nation, saluer toutes celles et tous ceux qui, médecins, infirmiers, personnels hospitaliers, ont été aux avant-postes de ce combat, avec un dévouement et un courage exemplaires, et pour certains, hélas, au péril de leur vie. Ils méritent notre reconnaissance. C’est pourquoi j’ai décidé qu’un hommage national leur sera rendu à une date qui sera précisée. Plus encore, toutes et tous recevront, à titre collectif, la légion d’honneur.

Ensuite, je veux avoir une pensée pour vous, Françaises et Français, qui avez perdu un parent, un proche, un ami. Je sais votre peine infinie et nous la partageons tous. Dans ces moments que je sais ô combien douloureux, soyez assurés que votre deuil est aussi le nôtre, et jamais nous n’oublierons vos chers disparus. Enfin, je veux également saluer celles et ceux qui, envers et contre tout, ont continué de travailler sans se laisser détourner de leurs tâches indispensables au pays par des revendications aussi démagogiques qu’irresponsables. C’est grâce à eux qu’il n’y a pas eu de pénurie et que les approvisionnements n’ont jamais cessé en dépit des difficultés qu’ils ont eux aussi surmontées avec une ténacité et une résilience remarquables. Françaises, Français, mes chers compatriotes, suite aux décisions que j’ai prises, vous avez, vous aussi, consenti de nombreux sacrifices en respectant un confinement toujours plus strict, en bouleversant vos habitudes, en renonçant à bien des loisirs et à bien des plaisirs : ceux de se réunir en famille, entre amis, de dîner au restaurant, d’aller au cinéma, au théâtre, d’écouter des concerts, de faire du sport, de se promener. Qui, en ville, qui à la campagne pour pêcher ou chasser, qui à la mer ou à la montage. Je sais que les décisions prises ont bouleversé vos vies mais elles étaient indispensables pour sauver le plus grand nombre de nos ainés et de nos concitoyens. Vous l’avez assez vite compris et vous l’avez donc accepté. Toutes et tous, vous avez fait la démonstration remarquable que nous sommes un grand peuple et que la France est une nation à nulle autre pareille qui, dans les épreuves, sait se retrouver pour les affronter dans l’unité, la solidarité et la fraternité.

Nous venons de gagner une bataille majeure mais nous n’avons pas encore gagné la guerre. La crise sanitaire est certes derrière nous mais nous devons, dès maintenant, mener d’autres combats et relever d’autres défis. Ils sont économiques et sociaux. Ceux d’hier étaient immenses, ceux qui nous attendent ne le sont pas moins. Mes chers compatriotes, je vous le dis avec solennité et gravité, nous sommes toujours en guerre. L’ennemi n’est plus invisible, il n’est plus insidieux mais il n’en est pas moins présent, puissant et menaçant. Cet ennemi, il se nomme récession, régression, faillites en série et reprise possible de la hausse du chômage. Celui que nous venons de terrasser, nous menaçait tous, celui qui se présente maintenant agit de même. Je veux dire par là qu’il peut, lui aussi, bouleverser nos vies en frappant partout et dans toutes les catégories de la population. Nos grandes, moyennes et petites entreprises sont menacées. De même nos admirables artisans qui, partout en France, maintiennent vivantes d’anciennes traditions d’excellence. Je n’oublie pas nos agriculteurs, nos pêcheurs, nos viticulteurs, nos artistes et nos libraires.

Hier, Françaises, Français, mes chers compatriotes, vous avez consenti de nombreux sacrifices. Je m’adresse à vous tous pour vous en demander de nouveaux car cette situation économique et sociale est elle aussi exceptionnelle. Elle n’est pas sans rappeler celle que nos ainés ont dû affronter au sortir de la Seconde Guerre mondiale. Ils avaient un pays à reconstruire, nous avons une économie à rebâtir et pour y parvenir au plus vite, il faut être capable de se hisser à la hauteur des tâches multiples et difficiles qui nous attendent. Lorsque je me suis adressé à vous au début de l’épidémie le 16 mars dernier, je vous avais dit qu’après les épreuves traversées, plus rien ne serait comme avant. Ce jour est arrivé et il nous faut maintenant en tirer toutes les conséquences.

Nous sommes en guerre. Aussi, notre code du travail, conçu dans et pour une autre conjoncture, est-il parfaitement inadapté à celle que nous allons affronter. Il est trop lourd et compliqué. De là d’innombrables lenteurs qui sont autant d’obstacles à la reprise que nous appelons tous de nos vœux. C’est pourquoi je vais demander au gouvernement d’adopter une loi d’urgence économique qui permettra à toutes et à tous de travailler au-delà des 35 heures, de travailler le dimanche si nécessaire et d’étendre le travail de nuit aux secteurs économiques particulièrement fragiles et/ou particulièrement affectés par le confinement auquel notre pays a été soumis. De plus, de nouveaux contrats d’embauche, moins contraignants et plus souples seront mis en place pour permettre de répondre dans les meilleures conditions aux défis multiples et variés que nos entreprises et nos artisans vont devoir relever dans les semaines et les mois à venir. Nous devons travailler plus et plus longtemps, c’est pourquoi la réforme des retraites, suspendue pour les raisons que vous savez, sera enfin adoptée. Et je souhaite qu’elle soit elle aussi assouplie pour permettre à celles et ceux qui veulent continuer à travailler de le faire en toute liberté. Toutes ces mesures s’imposent car il y va de notre place en Europe, de notre place dans le monde, de votre avenir personnel et professionnel, et de celui de vos enfants et de vos petits-enfants.

Oui, nous sommes en guerre. C’est pourquoi, afin de favoriser au mieux la croissance indispensable aux progrès de notre pays, au relèvement de notre économie et à l’amélioration de vos conditions de vie, je demanderai également au gouvernement de bloquer les salaires pour une durée qui reste à déterminer, de réduire les congés et de permettre aux employeurs de les fixer à leur convenance, après consultation des salariés. Il en sera évidemment de même dans toute la fonction publique à l’exception de la fonction publique hospitalière où des postes seront créés et de nouveaux moyens accordés. En même temps, nous poursuivrons la modernisation indispensable de nos hôpitaux afin d’augmenter là aussi leur compétitivité et donc leur efficacité au service du plus grand nombre. Mes chers compatriotes, je sais votre attachement à notre système de santé qui suscite l’admiration de beaucoup à l’étranger, c’est aussi pour répondre à vos attentes que je vous demande ces efforts. Efforts également dans l’éducation nationale et dans l’enseignement supérieur où, jusqu’à nouvel ordre, aucun recrutement ne sera effectué. Cette situation n’empêchera nullement les écoles, les collèges, les lycées et les universités d’embaucher, de façon temporaire et pour une durée limitée, le personnel enseignant et administratif nécessaire à l’accomplissement de leurs missions. Là aussi, la modernisation doit être impérativement poursuivie car nous pouvons et nous devons faire mieux. Les temps présents comme de nombreux parents l’exigent et personne ne comprendrait, à l’heure où je vous parle, que les fonctionnaires précités désertent cette formidable bataille économique et sociale qu’il nous faut remporter au plus vite.

C’est parce qu’elle est terrible que nous devons mobiliser toutes les énergies, stimuler tous les talents, libérer toutes les volontés et toutes les ambitions en donnant à chacune et à chacun l’opportunité de s’y associer. A vous Françaises et Français d’abord car, en ces circonstances exceptionnelles il n’est plus acceptable que d’autres, arrivés depuis peu dans notre pays et sans intention d’y faire souche, accèdent rapidement à des emplois qui pourraient être occupés par vous. C’est pourquoi je vais demander au gouvernement de préparer un projet de loi destiné, non à fermer complètement l’immigration, ce serait aussi vain qu’inutile, mais à la limiter au strict nécessaire sur la base de quotas régulièrement révisés, comme cela se fait déjà dans de nombreux Etats développés et démocratiques. De même, il faut rapatrier dans notre pays des activités essentielles à notre indépendance sanitaire, industrielle et économique pour renforcer ainsi notre souveraineté en produisant français avec des travailleuses et des travailleurs français. L’union nationale nous a permis de vaincre l’épidémie hier, elle nous permettra, demain, de renouer avec la prospérité dont vous serez toutes et tous les heureux bénéficiaires.

Nous sommes en guerre, et cette nouvelle guerre nous ne la gagnerons qu’en étant capables de nous affranchir d’habitudes parfois désuètes et, dans tous les cas, inadaptées aux exigences qui s’imposent désormais à tous. J’ai bien dit à tous, c’est pourquoi, un nouveau gouvernement, plus resserré, sera bientôt formé et les traitements des uns et des autres réduits. De même, le nombre des membres de cabinet. D’ores et déjà, et pour apporter ma contribution à cet effort national sans précédent, je vous annonce que je renonce à mon traitement jusqu’à la fin de ce quinquennat. Mais il faut aller plus loin en poursuivant la réforme de nos institutions ce qui passe, entre autres, par la réduction du nombre de députés et de sénateurs afin que les premiers comme les seconds participent pleinement à cette réduction indispensable, vitale même de nos dépenses publiques. Au cours de ces derniers mois, comme je l’ai dit, l’Etat a payé sans compter pour lutter contre l’épidémie et soutenir les secteurs économiques particulièrement affectés par la crise sanitaire. Ces temps sont désormais révolus et chacun comprendra qu’il n’est pas possible de poursuivre plus longtemps dans cette voie sauf à s’engager de nouveau dans la spirale ruineuse de l’endettement dont les effets retomberont lourdement sur les générations à venir. Cela, je ne le veux pas et je ne le permettrai pas car ce serait trahir les espoirs de notre jeunesse, et je sais que nul, dans ce pays, ne le souhaite.

Mes chers compatriotes, je vous le dis et je le répète, nous sommes toujours en guerre. Je vous demande donc d’être responsables, de ne céder à aucune surenchère partisane et syndicale, de refuser le repli corporatiste qui a fait tant de mal à notre pays, et de vous élever à la hauteur des tâches exigées par cette situation exceptionnelle. N’écoutez pas celles et ceux qui se complaisent dans la critique mais qui n’ont rien de concret et de sérieux à proposer. Evitons cette démagogie et ces exaltations aussi puériles que mortifères. Unis, chacun fidèle à son poste et à sa place, nous gagnerons. Vive la République ! Vive la France ! »

Olivier Le Cour Grandmaison

https://blogs.mediapart.fr/olivier-le-cour-grandmaison/blog/230320/de-la-guerre-sanitaire-la-guerre-economique-et-sociale?

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