Presentación del libro “De la distopía a la esperanza”

               El miércoles de la próxima semana, 15 de abril, tendrá lugar una presentación del libro De la distopía a la esperanza. El socialismo democrático frente al mundo de los depredadores” en el Centro Cívico Casa Golferichs de Barcelona (Gran Vía de les Corts Catalanes, 491. Metro: Rocafort). He de agradecer la iniciativa a la “Vocalia de Dones” de la histórica asociación vecinal de l’Esquerra de l’Eixample, una entidad que jugó un papel determinante en la preservación del edificio donde tendrá lugar el evento y la transformación la Casa en un equipamiento público. Parece que hablemos de mucho tiempo atrás, pero no está de más recordar que la Barcelona democrática, la ciudad que conocemos, debe su semblante a una infinidad de luchas de los movimientos sociales en el tardofranquismo y en la transición.

            Y no está de más recordar también el papel crucial que desempeñaron las Vocalías de Mujeres, en unos momentos en los que todos los derechos estaban aún por conquistar. No es casual que las organizadoras hayan propuesto a la escritora Gemma Lienas – prolífica autora feminista a quien debemos, entre otros muchos libros, el ensayo que lleva el premonitorio título de “Derechos frágiles” – como conductora del acto a través de un diálogo abierto. Creo que hay que felicitarse por ese enfoque feminista del libro. Es un acierto. Los depredadores que amenazan la paz mundial, las conquistas sociales, la propia democracia, lo son en todos los sentidos de la palabra.

            Las nuevas configuraciones del capitalismo, hoy lideradas por una reducida élite de ultrarricos al frente de grandes corporaciones tecnológicas, nos abocan a un mundo distópico y violento. Hace poco, nadie hubiese imaginado una segunda presidencia de Trump como la que estamos viviendo, ni una crisis geoestratégica como la que se perfila ante nuestros ojos. Los caprichosos gurús de Silicon Valley declaran sin tapujos que la libertad es incompatible con la democracia. Quisieran remodelar un mundo a su antojo, con un desprecio absoluto hacia una humanidad que creen incapaz de forjar su propio destino. Son los exorcistas del Anticristo – encarnado en la Unión Europea, el derecho internacional o la regulación de los mercados – y quisieran acelerar el advenimiento de un Armagedón purificador. Es el capitalismo del caos.

            Pues bien, invariablemente, cada vez que se llega a la encrucijada de un cambio de época, aparece la necesidad de redefinir el semblante y el papel de la mujer en la nueva sociedad. Los que las distopías deparan a las mujeres dibujan los contornos de una era de retrocesos y servidumbre. La extrema derecha trae en sus mochilas todo un programa de retorno de la mujer al hogar, de consagración de su papel subalterno y sumiso al hombre. Sin embargo, esa amenaza regresiva ya fue en cierto modo anticipada por unas distopías anteriores, surgidas en las últimas décadas del pasado siglo y que han terminado por adquirir carta de naturaleza en nuestras democracias e incluso han desembocado en leyes y políticas públicas: las distopías de la posmodernidad. Una puesta en cuestión de las tesis fundamentales del feminismo histórico, una revisión que presenta la moderna esclavitud de la prostitución como un “trabajo”, la pornografía que escenifica la erotización de la violencia contra las mujeres como una expresión artística e incluso “educadora”, o los vientres de alquiler como una forma legítima de satisfacer un deseo de paternidad que pasaría por delante de los derechos y la dignidad de tantas mujeres pobres. Y un desvarío que hoy lleva a confundir sexo y género, a deshumanizar a las mujeres y amenazar la salud de niños, niñas y adolescentes. El neoliberalismo, cargado de hedonismo y de individualismo exacerbado, ha alumbrado el mundo de los depredadores.

            Seguramente hablaremos de todo ello el próximo miércoles. Puede ser éste un buen hilo para desentrañar el significado del momento actual. Y para plantear la responsabilidad de la izquierda y, muy especialmente, del socialismo democrático. Porque, ante una tremenda crisis del orden mundial como la actual, nunca ha aparecido de modo tan determinante el feminismo como una fuerza civilizatoria y una guía para la humanidad en su conjunto. La lucha secular del feminismo por la igualdad y sus planteamientos, basados en la razón, el conocimiento y la ciencia, hacen que el socialismo deba embeberse profundamente de sus anhelos y su decisiva aportación al progreso. Fue Rosa Luxemburgo quien nos legó la utopía de un futuro en el que seríamos “socialmente iguales, humanamente distintos y totalmente libres”. La Historia no está escrita de antemano. Vendrán tiempos de lucha. Necesitamos trazar nuestra hoja de ruta y alzar las banderas de la esperanza.

            Nos vemos el 15 de abril.

            Lluís Rabell

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