Un Govern para mejorar las cosas

(Artículo colectivo del grupo Pròleg, publicado por el diario Ara de Barcelona el 23/02/2021. Pròleg se constituyó el mes de febrero de 2018, con el afán de recuperar espacios de diálogo democrático en Catalunya y con el resto de los pueblos de España. Está integrado por personas procedentes de las izquierdas catalanas no independentistas. Sus miembros actuales son Jordi Amat, Marc Andreu, Marga Arboix, Orio Bartomeus, Laia Bonet, Joan Botella, Victòria Camps, Joan Coscubiela, Jordi Font, Mercedes García-Arán, Oriol Nel·lo, Raimon Obiols, Lluís Rabell, Joan Subirats, Marina Subirats y Josep M.Vallès). 

A pocos días de haberse celebrado las elecciones autonómicas catalanas, cuando aún se están analizando sus resultados y comienzan los primeros tanteos de cara a la investidura de un nuevo presidente de la Generalitat, el foco de la atención mediática se ha desplazado bruscamente hacia los disturbios que se han producido en las calles de Barcelona y de otras localidades catalanas – con réplicas que han llegado incluso a Madrid. Manifestaciones protagonizadas por jóvenes, ciertamente minoritarias y que, sistemáticamente, han concluido con destrozos y violentos enfrentamientos con la policía, a cargo de grupos aún más reducidos. Sería un error, sin embargo, minimizar la importancia de estos hechos, no captar la advertencia que representan. El motivo oficial de las protestas ha sido el encarcelamiento del rapero Pablo Hasel. Pero cualquiera puede entender que la reivindicación de la libertad de expresión – con formas que antes bien contradicen su espíritu – no ha sido más que un reclamo para salir a la calle. Estamos ante el síntoma de una profunda frustración, de una desesperanza que deriva en una suerte de furia nihilista y que, sin duda, afecta a amplios sectores sociales. Menos atención ha merecido otro incidente, ocurrido esta misma semana en la localidad tarraconense de Torredembarra, cargado también de significado: una manifestación de cientos de vecinos, irritados por el incremento de hurtos y otras actividades delictivas, ha degenerado en un asalto a un centro de menores tutelado por la Generalitat.

La atmósfera se está cargando de electricidad. La jornada del 14-F estuvo marcada por una gran abstención, que no se explica sólo por la pandemia. Los partidos independentistas, a pesar de lograr una mayoría de escaños, se han dejado cientos de miles de votos por el camino. En los barrios populares, donde se ha impuesto netamente el PSC, la participación ha sido muy baja. Y la extrema derechaha irrumpido con notable ímpetu. Hay cansancio e irritación en determinadas franjas de la ciudadanía que se ilusionaron con la independencia. Hay un tremendo descrédito de las instituciones entre los sectores sociales más desfavorecidos, que se sienten literalmente desamparados y empiezan a dar señales de desesperación, enfrentando a pobres contra pobres. Los escudos sociales no alcanzan a revertir las desigualdades, ni a contrarrestar los efectos de la crisis actual. El confinamiento y el parón económico lo han agravado todo. Los distintos brotes de violencia de estos días nos hablan de irritación; pero también de una inquietante desafección respecto a la democracia como marco idóneo para la solución de los problemas de la ciudadanía. En tales condiciones, los retos a los que deberá enfrentarse el próximo Govern son enormes. No podrá hacerlo sin un decidido cambio de rumbo, tras años de parálisis y confrontación institucional que han empobrecido y dividido al país.

Existe sin embargo una ventana de esperanza para ello. Las elecciones han puesto de relieve la existencia de una amplia corriente ciudadana favorable a iniciar un tiempo nuevo, restañar las heridas del “procés” y mirar hacia adelante. Una corriente deseosa de que la Generalitat atienda las urgencias sanitarias, económicas, sociales y medioambientales; que gestione adecuadamente unos fondos europeos vitales para la transformación de Catalunya; que sitúe el conflicto territorial en un plano político, llevando a una mejora sustancial del autogobierno y su financiación, y permita construir finalmente una solución de convivencia democrática.  Esa corriente de fondo se ha expresado a través del voto al PSC – cuyo discurso favorable al reencuentro ha recuperado la confianza de muchos electores que había seducido la beligerancia de C’s tras el “otoño caliente” de 2017 – y a través del voto a los Comunes, abanderados de una entente progresista, superadora de la lógica de bloques. Pero lo ha hecho también mediante los sufragios de ERC, cuyo victoria en el campo soberanista cabe leer como el refrendo de una actitud pragmática que parece alejarse de las vías unilaterales, que ha permitido facilitar la investidura de Pedro Sánchez y la aprobación de los PGE, así como la formación de una mesa de diálogo. El indulto de los líderes independentistas daría sin duda un impulso decisivo a sus trabajos.

Pero, ¿serán esas fuerzas políticas capaces de materializar, bajo una u otra fórmula, semejante anhelo social? ¿Llegarán a alumbrar un Govern que “se ocupe de las cosas”, como reclamaba recientemente el profesor Antón Costas, y que ponga los cinco sentidos en mejorar la vida de la población? Voces reconocidas del antiguo espacio convergente, como la de Andreu Mas-Colell, inciden también en la necesidad de volver a la política útil. Sin embargo, sigue habiendo quien apuesta decididamente por “cuanto peor, mejor”. Las bullangas de estos días no sólo no han merecido reproche alguno por parte de JxCat, sino palabras de comprensión y aliento. Por el contrario, los Mossos de Esquadra, que se hallan bajo la directa responsabilidad del partido de Puigdemont, han sido objeto de desautorización y puestos bajo sospecha desde el propio departamento de Interior. Así pues, hemos visto, por parte de quienes cabía esperar una actitud conservadora, una subasta de radicalidad verbal, rebasando por momentos a la CUP. Se trata de la manera en que estos partidos encaran la “negociación” con ERC: como quien dice, emplazando a la formación de un gobierno independentista desde los contenedores en llamas. Repetir la fórmula de la anterior legislatura no podría sino acentuar la decadencia del país. Hacerlo bajo semejantes auspicios sería de antemano el anuncio de un fracaso. Devolver la esperanza a la sociedad catalana exige huir de los extremismos, propiciar el diálogo, dar forma a la demanda transversal de entendimiento que empezó a aflorar el 14-F. Las advertencias se multiplican. No hay tiempo que perder. Más que nunca, se requiere un gobierno dedicado a mejorar las cosas.  

20/02/2021

https://grupproleg.wordpress.com/2021/02/22/grup-proleg-un-govern-per-millorar-les-coses/

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